Poder gritar y liberar tus penas al aire, y al que desee escucharlas, luego de un día deseperante donde nada funciona como debería, es definitivamente la sensación más liberadora de todas.
Te levanta y te arroja fuera de la estratosfera, en donde lo único que se escucha es tu voz haciendo eco en tus oidos y el latido de tu corazón en la garganta, mientras todas esas preocupaciones se esfuman y toda tu energía se focaliza en llegar lo más alto posible, para hacer ese momento infinito.
El perder esa pequeña vocesita, aunque sea solo por un par de segundos, que no hace más que perforarte la cabeza constantemente con todas las cosas que uno debería hacer y las que definitivamente no debería hacer, sobretodo en público, te da una perspectiva de la vida totalmente diferente. Es como limpiar con un trapito (o mejor romper) el vidrio por el que (y perdonen la redundancia) vemos la vida, todo tapado por el humo negro de la sociedad y las tantas complicaciones de los tan complicados seres humanos.
Todos lo hemos echo en alguna ocación, asiq tienen que ententeder de lo que hablo. Es un cambio de 360°. Aunq dure un par de instantes, tan breves como la vida misma, son los suficientes para desconectarse, respirar y tomar fuerzas para no perder la perspectiva de las cosas, de lo que realmente importa, y prepararse para asumir los golpes con la mejor garcia posible.
Es simplemente una de esas cosas o momentos que mientras más pequeñas sean más valiosas son para nosotros. Mientras más intimos y secretos, más indispensables se vuelven para continuar en esta tierra de baches y desiluciones. Que nos acompañan siempre, incluso bajo tierra. Porque son nuestras y son verdaderas.
Gracias por volver a escribir, tenes mucha razón, lo que escribiste me recuerda una cancion que conozco que dice:
ResponderBorrar" Mil veces vas a caerte y otras mil van a tirarte pero lo mas importante es que puedas levantarte", y como te digo segui adelante besos!!!