lunes, agosto 08, 2005

Las hojas caen como si ya se hubieran dado cuenta del dolor q causa crecer, morir...vivir! Todo cambia al paso de una calle atareada de desastres, nadie mira abajo, nadie quiere saber de que se trata en realidad. Uno atras del otro, en fila, trazando lineas rastreables solo en conjunto, pero invisibles en su devastadora simplicidad. Un cabesazo y al suelo, sin aviso, sin remedio. Dos avismos marrones contemplandome, analizandome, mientras me repongo del dolor de cabeza y el mareo de volver de aquella encantadora realidad. Al tanteo lo descubro, en mis brazos, en mi piel. Poco a poco comienzan a crecer esos muros, esos miedos, esas dudas. La herida de una caida que todavía no sanó es suficiente para evitar la segunda. Pero despacito y con paciencia, las mascaras fueron cayendo, y el espacio entre tus ojos y los mios se agrandó hasta volverse minusculo. Mejor no te resistas, es peor, levanta la cabeza y mira al sol caer. Paso a paso nuestras sombras se nivelan, el pulso se acelera, y el adios se vuelve intolerable . Tan solo una palabra y el mundo se dará vuelta, un instante de coraje y nada más importará. ¿Por quién aguantas la respiración? No lo se, olvidé preguntarle su nombre.

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