Te veo, te siento...te escucho y te sueño. En la oscuridad del dia me siento a contemplar la hermosura de nuestras risas, a tono, complices de un secreto que tememos enfrentar.
Tan cerca, tu respiración junto a la mia, tan cerca q puedo oler tus pensamientos, tan cerca....y tan lejos. El cliche de la humanidad, reducido a un puñado de mentiras, no de las que decimos, pero de las que enterramos bien adentro, para convencernos por la noche que estamos en control, que sabemos lo que hacemos. Lentamente y con prisa se van clavando en nuestras vidas, van rigiendo nuestro andar, nuestro sentir. Pero, inexplicablemente, existe un momento, una milesima de segundo, en donde nuestros ojos se encuentran y ya no pueden mentir. Sin una palabra, sin un gesto que explique o racionalize lo que ellos dicen, entendemos todo. Y en cada promesa guardada, en cada palabra no dicha se guarda esa sensación liberada, ese momento, no de sensatez, pero de corazón, en el que los dos nos entregamos, puros y sin miedos, libres para disfrutar de lo que nos tortura y nos hace felices, cada día, cada vez más.
Pero hay veces q no alcanza, hay veces q el corazón se sincera y reclama lo q estuvo pidiendo a gritos desde el primer momento en q nos vimos de verdad. Hay veces en q la fuerza q nos lleva, el orgullo y todas las paredes protectoras que nos permiten seguir día a día, se derrumban y sin razon aparente revelan una verdad bien guardada, bien protegida. Esa verdad que vos y yo conocemos, esa verdad que no nos animamos a admitir. Seguro que todo sería más facil si no lo viera en tus ojos. Aceptarlo sería más facil si no me dijeras a gritos todo eso que no puedes decir en palabras. Todo sería más facil si yo no pudiera escucharte. Pero puedo y lo hago. Y mientras más adentro lo escondes, más fuerte lo gritas y más claro lo veo.
Estamos a un solo paso de perder la cordura, y a un solo paso de ser todo lo felices q siempre quisimos ser.
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